El atentado a las flores (Parte 2)

Jacinto caminaba rumbo al trabajo pensando en qué idea tendría Violeta para desestabilizar al sistema de estos regalos con fecha de caducidad que se harían el día de los enamorados. Mientras estaba con rumbo a su destino, a todo volumen y sin ahogar sus reflexiones sonaba la canción One Headlight del grupo The Wallflowers.

She said it’s cold.
It feels like
Independence Day.
And I can’t break away from this parade

Llegó 20 minutos antes, tal lo había acordado con Violeta al día anterior; a escasos metros de la puerta, ella le explicó su plan al detalle. sin apartar sus ojos de él, que eran como brasas de color negro, que contrastaba con su hermosa piel de porcelana. Su cabello que pasaba un poco más alla de los hombros era de color violeta y su ropa hacía juego con todo. Ella era sin duda la nota en ese ambiente monocromático.

«El plan es sencillo, cuando la señora Lirio me coloque a cargar flores para ti, dejare algunas notas, regalos y objetos inconexos dentro de los baldes con flores y tú no debes decir nada». Jacinto la miraba sin decir aún nada, sin sonrisas y con toda su mente disfrutado la presencia de la señorita con el plan desestabilizador.

Ella siguió su relato «Las flores son los regalos más inútiles del mundo y quienes las producen, son los máximos explotadores que puede existir en el mundo. Quienes regalan flores por lo general es porque hicieron algo mal y sienten culpas de todo tipo, por eso quiero que así sea pocas veces, la experiencia cambie de manera significativa». De repente cayeron algunas gotas, anunciando una tempestad y Jacinto esbozo una sonrisa, y asintió con la cabeza, ya era complice de esa locura.

El trabajo arrancó como siempre, una hora cortando precintos para abrir cajas de flores y luego colocarlas en el carril donde las mujeres las prepararían. Violeta miraba a Jacinto mientras lo hacía y cada vez que ponía el cargamento en su mesa, la misteriosa chica aprovechaba para dejar colar una caricia furtiva y una sonrisa que pueden sellar cualquier pacto de sangre con todo el gusto del mundo.

Tal como iba el plan de Violeta, las piezas se pusieron en su lugar. Jacinto miró lo que haría su compañera del crimen y lo primero que le vio deslizar dentro de las flores fue una rata de plástico que sacó de su bolsillos y se río. Jacinto se imaginó todos los problemas que eso ocasionaría y no le quedó otra cosa que seguir la complicidad con una media sonrisa que casi nunca sacaba, era una ocasión especial y eso lo ameritaba.

Durate 15 días a las flores se les sumó condones, tarjetas de amor con sonetos tristes, clavos, corazones rotos, cucarachas de plástico, mazorcas, soldados de plástico. Pero lo mejor eran las notas que decían por ejemplo «él no te quiere», «el te regala estas flores porque se acuesta con tu mejor amiga», «quién regala flores, es porque no tiene las bolas de obsequiar vivencias», «no pidas flores, pide un libro», «tu amor es más espinas que pétalos, no te dejes amiga» y así como si fueran galletas del infortunio. Violeta y Jacinto colocaron algo más a unas mil quinientos regalos.

A dos días del día de los enamorados, los coordinadores señalaron que el fin había llegado, que no vinieran a trabajar y casi sin ninguna cortesía se apagaron las máquinas y todo se detuvo. Violeta salió con paso violento y Jacinto pensó que jamás la volvería a ver.

Lo mejor eran las notas que decían por ejemplo «él no te quiere», «él te regala estas flores porque se acuesta con tu mejor amiga», «quién regala flores, es porque no tiene las bolas de obsequiar vivencias»

Jacinto se abrió paso entre la manada de almas que salían agotadas de su último día de trabajo y al llegar al estacionamiento, no encontró a nadie y exhaló una bocanada de aire. Violeta se había ido quizás para siempre y lamentó nunca haberle pedirle un número telefónico o una dirección para encontrarla.

Comenzó su camino a paso triste hacia su casa, escuchando fuertemente su canción favorita Don´t you Forget About Me de Simple Minds, cuando un carro de color violeta se aparcó cerca de él. Era la mujer que creyó perdida hace minutos. Ella le hizo señas, Jacinto esta vez sonriendo como un demente fue al encuentro, ella bajó la ventanilla y le dio un servilleta con una dirección escrita en su superficie. Ella le dijo «te espero el 14 de febrero a las 8 de la noche, sin falta, tendrás tu recompensa» y puso el pie al fondo del acelerador.

Jacinto se quedó como de piedra, sin entender lo que pasaba, mientras que a todo volumen sonaba la parte de la canción.

Will you stand above me?
Look my way, never love me
Rain keeps falling, rain keeps falling
Down, down, down
Will you recognise me?
Call my name or walk on by
Rain keeps falling, rain keeps falling
Down, down, down, down