El sueño de Bad Bunny

Nunca he sido un gran fanático de Bad Bunny, su música nunca fue de mis favoritas, sin embargo lo demostrado en la vitrina de los inmortales en la lucha libre, se ha ganado mi absoluto respeto.

Por Juan Pablo Valero

Desde que ví el vídeo de Chambea, en donde sale uno de los mejores luchadores de todos los tiempos, como es el caso de Ric Flair, estaba claro que Bad Bunny, el cantante del momento, estaba encariñado con el escenario de la lucha libre, especialmente con WWE.

Parecía que era algo simple, una sóla referencia en sus canciones, para dejar claro su amor por este espectáculo, pero sin embargo la cosa no quedó ahí y contó con la participación del mismísimo Stone Cold, Steve Austin en su vídeo ¿Quién eres tú?.

Su affair musical con la WWE, siguió adelante con su canción en honor a Booker T, pista con la que cantó en el Royal Rumble, hecho que podría marcar el sueño de este artista de participar en una de las máximas citas de este deporte espectáculo en el mes de enero. Sin embargo todos quedamos atónitos, cuando se lanzó de la tercera cuerda y marcó lo que sería su camino personal al Wrestlemania.

Bad Bunny poco a poco se iba poniendo a tiro, para una rivalidad en contra del Miz en este magno evento y fue una de las peleas más esperadas por la fanaticada, sus camisetas se vendieron y se agotaron en el transcurso de los meses siguientes, incluso llegó a ganar el campeonato 24/7 y muchos se preguntaron si sería lo mismo de siempre, cuando una celebridad se inmiscuye en un ring, un par de movimientos y ya. Era de esperarse porque era una pelea de duplas y era un escenario ideal para minimizar la participación del astro boricua,

Llego la tan ansiada noche y salió Bad Bunny, sobre un camión, haciendo una entrada espectacular, quizás la mejor de esa noche y cuando sonó la campana, el cantante llevó el peso del combate sobre sus hombros, participando en la mayoría de las acciones, como si fuera un auténtico luchador.

Recibió castigo, hizo movidas más allá de lo básico como el Canadian Destroyer, que es una de las más difíciles de hacer de la industria, por lo acrobático que es ponerlo en marcha y si a eso se le suma que se lo hizo a Jonh Morrinson, un hombre de buena estatura, lo cual sumaba más complejidad al movimiento.

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