La historia de la pelirroja que tanto amé

Debo sentirme afortunado, porque dentro de todo el universo, tu hayas decidido quererme. Que cuándo deje de buscarte, el destino me volvió a poner a su calzada.

Por Juan Pablo Valero

A esta chica de pelo rojo, sólo le he pedido en silencio que me cuide, que entienda que en los momentos que hemos vividos, he sido tan feliz y aunque mi cara que no deja escapar sonrisa, mi corazón es otra cosa y late a todo lo que da cuando la tengo al frente.

Antes de ella, me sentía muy sólo, rendido a la mala suerte, a la deriva y con ganas de naufragar. Pero ella apareció en mi vida, por causas del destino, y soy afortunado de tenerla en mis días, así sea de a ratos,

Me da miedo darle todo, porque mi todo es tan poco para todo lo que se merece esa mujer de hermosa sonrisa y de personalidad tan fuerte. De dulce voz y de sueños tan gigantes que cuando se hagan realidad el mundo cambiará para siempre.

Quiero que tus heridas sanen, que esas tormentas que ponen aguaceros en tus ojos se vayan de una de vez de tu vida, que crezcas y salgas de este mal momento, que hagas sendero, que hagas camino y que estés donde debe, en la cúspide.

Quiero decirte siempre que a pesar de que los fantasmas de los amores del pasado, en su forma fantasmal siempre quieran volver y se aprovechan de la necesidad de retornar, al final no se puede regresar, porque somos otros y cada segundo dejamos de ser quienes éramos antes. Bendigo los besos, las caricias, los abrazos que pronto llegarán a tu vida y que van a dispersar tanto caos.

Mis intenciones con ella nunca han estado claras, en parte porque yo no sé que hacer ante tanta maravilla hecha mujer. A mi se me olvida la palabra adecuada, en parte me dejo envolver por mis pensamientos y el silencio se encarga de ocultar todo lo que le quiero decir a ella.

Los días en que no has estado en mi teléfono, las fantasías se han vuelto superfluas, los pensamientos se congelan, los sueños se tienen que inventar y cada mañana se convirtió en algo frío y banal. Contigo soy otro, y en el anhelo de una conversación como la de ataño, me pierdo.

Tengo ganas de darte un abrazo tan fuerte que tu alma y la mía se alineen en un compás cadencioso, quiero que sepas que en tus labios mueren mis tristezas, que quiero caminar contigo por una playa en estos lados de Dios, ver la luna, vivir el momento y dedicarme a cuerpo y alma a que tus deseos se hagan realidad.

Y aquí estoy pasando mi dedo índice sobre tu última foto de Instagram, como si pudieras sentirme a distancia, incapaz de darte un like, pero con unas ganas tan tremendas de decirte que eres infaltable y que te quiero, por muy inexplicable que sea.

(Esta historia continuará)

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