La historia real que inspiró la película «La Sociedad de la Nieve» (Vídeos de la tragedia)

El accidente aéreo de los Andes de 1972 es una de las historias de supervivencia más extraordinarias y conmovedoras de la historia reciente. El 13 de octubre de ese año, un avión Fairchild FH-227D de la Fuerza Aérea Uruguaya, que llevaba 45 personas a bordo -incluyendo miembros del equipo de rugby Old Christians y sus familiares y amigos- se estrelló en los Andes, en la frontera entre Argentina y Chile.

Los sobrevivientes enfrentaron condiciones extremadamente adversas, como temperaturas bajo cero, escasez de alimentos y riesgo de avalanchas. Aislados y sin esperanza de rescate tras la suspensión de las operaciones de búsqueda, se vieron obligados a tomar decisiones desgarradoras para sobrevivir, incluyendo la más controvertida y dolorosa: recurrir al canibalismo, alimentándose de los cuerpos de los fallecidos en el accidente.

Durante su odisea de 72 días, los sobrevivientes lucharon por mantenerse con vida y unidos, organizando tareas como cuidar a los heridos, recolectar agua de la nieve y mantener la moral. En un acto desesperado de valentía, dos de los sobrevivientes, Fernando Parrado y Roberto Canessa, emprendieron una peligrosa travesía a través de las montañas en busca de ayuda. Finalmente, encontraron a un arriero chileno que alertó a las autoridades, lo que llevó al rescate de los 16 sobrevivientes restantes el 23 de diciembre de 1972.

El accidente de los Andes no solo destaca la resistencia y el espíritu de supervivencia del ser humano, sino que también plantea profundas cuestiones éticas y morales. La historia ha sido contada en numerosos libros, documentales y películas, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por la vida frente a las adversidades más extremas.

Así comenzó la tragedia

El trágico accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya ocurrió el 13 de octubre de 1972. Este vuelo chárter, que había despegado de Montevideo con destino a Santiago, se estrelló en la Cordillera de los Andes, un suceso que más tarde sería conocido como la tragedia y el milagro de los Andes.

Durante el vuelo, el copiloto, teniente coronel Dante Lagurara, cometió un error de cálculo al creer que habían alcanzado Curicó, iniciando un descenso prematuro. El avión colisionó contra una montaña en la provincia argentina de Mendoza, cerca de la frontera con Chile, perdiendo sus alas y cola. El fuselaje se deslizó a gran velocidad antes de detenerse en el glaciar de Las Lágrimas. A pesar de los esfuerzos de búsqueda iniciales, el fuselaje blanco pasó inadvertido en la nieve, llevando a la cancelación de la búsqueda el 21 de octubre.

El impacto
Del total de 45 pasajeros y tripulantes a bordo, varios murieron en el impacto inicial y los momentos posteriores al accidente del vuelo 571. Entre ellos, cinco personas en la sección trasera del avión perecieron cuando esta se partió, incluyendo al teniente Ramón Martínez, el sargento Ovidio Ramírez y tres estudiantes. Daniel Shaw y Carlos Valeta fueron expulsados del fuselaje trasero, con Valeta falleciendo posteriormente debido a un accidente en el glaciar.

El impacto del fuselaje contra un banco de nieve causó la muerte de al menos cuatro personas, incluyendo al Dr. Francisco Nicola y su esposa, así como la madre de Fernando Parrado. El piloto Ferradas falleció instantáneamente y el copiloto Lagurara quedó gravemente herido.

De los sobrevivientes, muchos sufrieron heridas graves. Roberto Canessa y Gustavo Zerbino, estudiantes de medicina, prestaron primeros auxilios. Nando Parrado sufrió una fractura de cráneo y Enrique Platero se lesionó gravemente, pero ambos ayudaron a otros supervivientes. Ninguno de los pasajeros con fracturas compuestas logró sobrevivir.

La Avalancha
Diecisiete días después del accidente, en la tarde del 29 de octubre, una avalancha golpeó el fuselaje donde se refugiaban los sobrevivientes, causando la muerte de ocho personas, incluyendo figuras clave como Marcelo Pérez. Este evento agravó aún más la ya desesperada situación.

La avalancha enterró completamente el fuselaje, dejando a los sobrevivientes en un espacio confinado y con escaso aire. Nando Parrado logró crear una apertura para la ventilación. Durante tres días, permanecieron atrapados en condiciones extremadamente difíciles, luchando por mantener la esperanza en medio del frío y la oscuridad.

Antes de la avalancha, algunos sobrevivientes habían considerado la posibilidad de escalar las montañas en busca de ayuda, pero las duras condiciones y la lejanía de cualquier civilización complicaban enormemente este plan. Con la llegada del verano, la nieve alrededor del fuselaje comenzó a derretirse, ofreciendo una posibilidad de buscar rescate.

El fin de la pesadilla

Cuando se divulgó la noticia de que había sobrevivientes del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, una multitud de reporteros internacionales se agolpó en la ruta desde Puente Negro hasta Termas del Flaco, ansiosos por obtener declaraciones de Parrado y Canessa acerca de su dramática lucha por sobrevivir. La Fuerza Aérea de Chile intervino con tres helicópteros Bell UH-1 para el operativo de rescate, desafiando las condiciones adversas para llegar al lugar donde Parrado y Canessa habían encontrado ayuda.

El 22 de diciembre de 1972, dos helicópteros arribaron al lugar del accidente, enfrentándose a la complejidad del terreno montañoso para aterrizar y rescatar a los sobrevivientes. A causa de las limitaciones de espacio y peso, solo pudieron evacuar a la mitad de los sobrevivientes en esa primera operación. Un equipo de búsqueda y rescate permaneció con los siete sobrevivientes restantes durante la noche.

Al amanecer del día siguiente, los helicópteros volvieron para rescatar al grupo restante, trasladándolos a hospitales en Santiago. Los sobrevivientes recibieron atención médica para una variedad de condiciones, incluyendo deshidratación, congelamiento, escorbuto y malnutrición.

Comparte este post