Relatos, crónica personal de un sentimiento universal.

Relatos; un filme con matices tan dispersos, como la existencia misma, se roba tu atención y en una emboscada furtiva, conquista tu corazón.

Aterrizar, es el primer punto que hay que hacer, al ver este mediometraje, porque es necesario tener los pies sobre la tierra, para entrar en la sentida y vertiginosa historia de una mujer, que recibe una noticia que trastoca todo su equilibrio y la desborda en medio de un baño ajeno.

Un relato muy personal, que nos toca el corazón a todos, porque cada uno de nosotros, hemos vivido o sabemos de alguien que ha lidiado, esa descompensación del alma que se siente, cuando un ser, que consideramos, un bastión amado, se enfrenta al cáncer.

Nos muestra como una persona debe asumir las fortalezas de un escorpión, aplicar el sentido aracnido, para poder enfrentar cara a cara a la representación crustacea de ese mal, que es un peligro para la persona que lo tiene y para la familia, que debe evitar desmoronarse en ese proceso.

Andar y nada más, es el sentido siempre progresivo que este filme le presenta a la audiencia, en medio de un zig zag, que coquetea con los compases de un músical y a su vez, con un trabajo audiovisual de gran magnitud, que nos presenta Nati Roman con esta cinta.

Un simil que puede definirla, es que es una especie de Automercado, donde cada persona que la ve, adquiere el producto que necesita, porque este filme lo tiene todo, como en botica. Tenemos drama, música, comedia, amor, momentos que te harán llorar, excelsos dialogos, grandes actuaciones y hasta una clase de yoga con peculiares personajes.

Lo que comienza como una historia llena de situaciones que pudieran hacer sospechar a la audiencia de que su camino va por algo más tradicional, minutos después, evoluciona gracias a un apagón emocional y a su posterior resurgimiento, por eso, te cambia el ritmo y lo que era un sendero fílmico, se convierte en una auténtica montaña rusa de emociones, que hacen brotar diamantes del sentir, que conocemos como lágrimas.

Pero sin querer adelantarles nada, la moraleja de esta historia, es la necesidad de amar cada segundo, porque la vida nos hace jugadas complicadas de la noche a la mañana y lo que damos por sentado, puede dejar de serlo de un momento a otro. Cuando sales de la sala de cine, te provoca de inmediato llamar a ese ser que más quieres y decirle lo mucho que tu corazón tiene para esa persona.

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